FIESTA DE LOS FIELES DIFUNTOS VS HALLOWEEN

Vaya por delante mi eslogan favorito (con «e» al principio, sí, como manda la RAE): «Es una pena que con un castellano tan rico, tengamos la manía de adoptar tantos anglicismos». Y digo esto porque además de tristeza, ya me está resultando cansino el hábito este tan descontrolado de tener que adaptar poco a poco nuestro lenguaje cotidiano al inglés, simplemente porque creemos que nos hace más modernos y cultos. Y claro, cuanto más se usan estos vocablos, más gente los adopta porque parece como que si no nos sumamos a la corriente general, nos vamos a sentir marginados y como que los demás son más cultos y nosotros más bobos.

Así que desmereceremos mucho si en vez de tener un «personal trainer», tenemos un simple entrenador personal, o si decimos que vamos a correr en lugar de ir a hacer «running».

Este desmedido afán carente de toda lógica y sentido común, lo hemos trasladado también a las costumbres y tradiciones anglosajonas, en detrimento de las que nos son propias. Conste que no estoy en contra de compartir tradiciones y cultura, que eso me parece muy bien. Pero no entiendo por qué hemos de adoptar las extranjeras y no exportar las nuestras. Lo único que hacemos es expandir las ajenas y extinguir las propias.

Que no veo mal que si los expertos comerciales americanos han tenido la ocurrencia de crear un día al año en el que poner los precios más bajos para poder vender los restos de existencias y todo aquello que se llena de telarañas en los almacenes e incluso todo lo que caiga por delante, y que si eligen para ello un viernes y además se les ocurre atribuirle un color, en este caso, el más oscuro que podemos encontrar, y acaba denominándose «black friday», pues me parece muy bien, es una idea de técnica comercial (comercial, sí, no de marketing) tan buena como cualquier otra. Y si en España decidimos adoptar la idea porque nos parece buena, pues genial, también me parece bien. Pero por favor, ¿por qué llamarle «black friday» y no «viernes negro»? ¿Es que se vendería menos? ¿En serio?

Hemos adoptado el Papá Noel con el suficiente ímpetu como para ya casi ganarle terreno a nuestros Reyes Magos. Y ahora le ha tocado el turno a la tradicional fiesta hispana de los fieles difuntos, el halloween anglosajón. Si es porque esta tradición nos parece más divertida que la nuestra, especialmente para los niños, pues bueno, vale, es así y hay que reconocerlo, eso de ir de puerta en puerta preguntando «truco o trato» para ir recogiendo caramelos y golosinas, está muy bien. Lo que no entiendo entonces, es por qué hemos dejado de lado la tradición tan nuestra (en nochebuena en este caso), de ir cantando villancicos de puerta en puerta para pedir el aguinaldo o también llamado «estrenas» (del latín «strenae», denominación atribuida a los regalos que se hacían entre amigos como señal y deseo de un feliz augurio y en honor a los dioses, que se ofrecía al comienzo del año). Por cierto, si finalmente, como parece, nos vamos a quedar con la tradicional celebración anglosajona del halloween, habría que reclamarle a la RAE que al menos adapte dicho nombre al castellano como ya hizo con el whisky (güisqui), y que vendría a ser: «jalogüin».

Es decir: el intercambio cultural está muy bien, siempre y cuando sea un verdadero intercambio y no una avalancha que sepulte a unas para enaltecer otras.

El origen del Halloween reside en una tradición celta que se llevaba a cabo la noche del 31 de octubre llamada Samhain con motivo del fin del verano y el comienzo del nuevo año celta, durante el solsticio de otoño. La costumbre popular de entonces requería colocar velas encendidas en las ventanas para que los difuntos, que se suponía que esa noche vagaban entre los vivos, pudieran hallar «la luz» y encontrar así «su camino».

Algo muy similar ocurría con la tradición cristiana (quién sabe si como consecuencia de adaptar las llamadas costumbres paganas a la nueva fe del cristianismo), que dedica el día 1 de noviembre a la festividad de Todos los Santos al objeto de rezar por aquellos fieles fallecidos que se hallan aún en el purgatorio a la espera de pagar por los pecados cometidos, antes de poder ingresar en el paraíso celestial. Por eso, al día siguiente, día 2 de noviembre, se celebra así mismo, la festividad de Todos los fieles difuntos, Día de los Difuntos o Día de los Muertos.

La tradición aquí, además del susodicho rezo, implica la consabida visita al camposanto para visitar a nuestros difuntos, rezarles, hablar con ellos recordándoles y, por supuesto, adecentar y ornamentar sus nichos o sepulturas.

Cierto es que llevar a nuestros niños pidiendo golosinas de puerta en puerta es una costumbre más divertida y menos tétrica. Pero a fin de cuentas, tradición es una y tradición es la otra y ninguna merece ser sepultada (nunca mejor dicho a cuenta del tema) en favor de la otra. El objetivo en definitiva, es honrar a nuestros muertos.

Y a cuenta de todo esto, aunque no lo parezca, la famosa obra teatral de Don Juan Tenorio, se ha venido representando en España desde mucho antes de que la escribiera el autor vallisoletano José Zorrilla. ¿Que cómo es posible? Muy fácil:

Se trata de una obra romántica encuadrada en el marco de los placeres de la vida, la santidad, el pecado, la vida y la muerte. Tirso de Molina representó esta obra popular en el siglo XVII bajo el título de «El burlador de Sevilla» y Zorrilla la actualizó bajo el título de «Don Juan Tenorio» estrenándola en 1844. Está escrita en verso y cuenta las andanzas de su protagonista, Don Juan Tenorio, mujeriego, embaucador, embustero, estafador y vividor en general, cuya carrera acaba estrellándose contra el amor de Inés, una joven monja de clausura a la que conquista con falsas palabras de amor por una simple apuesta. La segunda parte discurre entre fantasmas, lápidas y muertos que pugnan por llevarse el alma de Don Juan al Cielo o al Infierno. De ahí el que se prestara tan propicia a ser representada en dicha fecha.

Fue tradicional verla representar en televisión durante la era franquista, tradición que desapareció con la dictadura para ser relegada al olvido, ya que lo contrario resultaría políticamente incorrecto, dado que dicha costumbre ha quedado tan altamente vinculada a la dictadura franquista.

Sin embargo, son muchas las compañías teatrales que aún siguen representándola en muchos pueblos y ciudades de España a día de hoy. Al fin y al cabo, Zorrilla no tenía ninguna culpa de que su obra se hubiese vinculado más de un siglo después, a una cuestión política. Personalmente, yo recomiendo al menos su lectura, por tratarse de una obra realmente interesante y culturalmente tan antigua. Hoy, gracias a internet, podemos encontrarla en multitud de páginas y blogs, donde podemos incluso descargarla en formato pdf y leerla tranquilamente. Y ya para terminar, insistir en lo que decía al principio: ¿Intercambio de culturas? Sí. ¿Pisotear nuestra propia cultura por otra ajena? Nunca

2 comentarios sobre “FIESTA DE LOS FIELES DIFUNTOS VS HALLOWEEN

  1. Comparto plenamente contigo el sentido de tu escrito, y resulta doloroso el comprobar cómo se extiende la pérdida paulatina de nuestras costumbres ancestrales, adoptando fácilmente costumbres y palabras que distorsionan nuestra realidad histórica.

    El español se nos llena de anglicismos y de modas que circulan en el mundo angloparlante. Hay que resistirse a esa invasión cuando realmente desplace a palabras propias con plena significación. Hay que dar por benéfica esa importación cuando nos ayude a entender realidades nuevas, como el deporte, el mundo de la empresa o de la informática.

    Hay que tener en cuenta que muchos anglicismos provienen antes de la incorporación de palabras latinas, con lo que no deben resultarnos extraños. Lo malo de los anglicismos es cuando los utilizamos sin percatarnos de ese origen foráneo. Lo peor no es que provengan de otra cultura sino que puedan alterar considerablemente la estructura de la lengua española. Lo más notable es que el recurso de los anglicismos suele darse en personas que no saben inglés pero que, por su posición, necesitarían dominarlo un poco. En cambio, otros, lo hacen por seguir una moda, sin ser conscientes del lugar en que quedan muchas veces por su ignorancia en el verdadero significado de la palabra.
    En el tema de nuestros entrañables Reyes Magos creo que hay dos componentes: la voluntad de muchos en romper una tradición cristiana, por eso se promueve algo tan extraño y lejano para nosotros como es Papá Noel; la pérdida del sentimiento navideño que nos inculcaron nuestros abuelos y padres.

    Hay que seguir creyendo en los Reyes Magos para poder nutrir la necesidad de la utopía. Para rebelarnos contra el imperio de la realidad, para sostener una cierta metafísica sentimental en medio del vulgar agnosticismo y materialismo que cercena los sueños con una atroz cuchilla de desengaños. Hay que resistirse a la tentación mediocre de aceptar el mundo como es y, al menos una vez al año, retroceder a la etapa en que éramos capaces de dar cabida en nosotros al asombro, a la entelequia y al misterio.

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  2. Totalmente de acuerdo con José y con Enrique.
    Al Don Juan de Tirso de Molina en su “Burlador de Sevilla” y al de Zorrilla en su “Don Juan Tenorio” hay que añadir el “Don Juan” ópera de Mozart; con lo cual vemos que nuestro personaje es mucho más internacional que el Halloween; sin embargo, nosotros lo estamos desintegrando porque, como muy bien se dice en el artículo de José y en el comentario de Enrique, somos unos ignorantes.
    Y somos ignorantes porque, en ese afán de demostrar que “modernos” somos porque “sabemos” utilizar palabras anglosajonas, llegamos al absurdo de inventarnos palabras que no se usan en el mundo anglosajón: durante un tiempo hemos dicho “footing” y ahora decimos “running” cuando en ese otro mundo que nos encanta copiar dicen “jogging”; nadie dice “footing” y nadie dice “running” cuando van a la calle a estirar las piernas como ejercicio.
    Pero es que los españoles nos hemos destacado siempre por pensar que lo de fuera es mejor que lo nuestro. No sabemos valorar lo que somos ni lo que podemos ser. Posiblemente el problema esté en que somos muy ignorantes de nuestra propia historia; tanto que damos por hecho la España negra creada por los holandeses, ingleses y franceses muy interesados en desmembrar y anatematizar el peligrosísimo imperio hispano-germano. Era lógico, éramos una amenaza para esos reinos, lo que es absurdo es que nosotros lo demos por bueno.
    Ni éramos esa España malvada creada en mentes extranjeras, ni éramos la España supercalifragilísticaespiralidosa de los franquistas.
    Sería muy largo entrar en detalles; por eso me limitaré a resaltar unos puntos y el que quiera conocer mejor la verdadera España, que profundice a partir de los mismos:
    – No es cierto (como afirmaba el Franquismo) que España se reunificó como una sola nación a partir del matrimonio de los Reyes Católicos y con la toma de Granada; Castilla siguió siendo Castilla y Aragón siguió siendo Aragón; unidos, pero no “revueltos” y resalto esta palabra porque quiere decir más de lo que parece.
    – América no fue descubierta por España, sino por Castilla; lo que implicaba que cualquiera que quisiera negociar con la América castellana (desde Inglaterra y Países Bajo hasta Aragón, Italia, etc.) tenían que conseguir licencia de Castilla.
    – Las Américas españolas nunca fueron colonias, sino provincias y todos sus habitantes (indios incluidos) eran ciudadanos castellanos con iguales derechos y deberes que los peninsulares. Lo único obligatorio es que todos tenían que estar bautizados.
    – De hecho, cuando las colonias inglesas en América se independizaron en los nuevos Estados Unidos había una sola universidad y solo para anglo-sajones; en las provincias castellanas (más tarde españolas) en América había ya siete universidades a las que tenía acceso todo el mundo.
    – Nuestro gran escritor de habla hispana Garcilaso de la Vega era hijo de un capitán castellano y una princesa inca ¿Hay algún escritor hijo de un inglés, holandés o francés casado con una india americana? ¿Alguno de ellos se casó con una india americana en sus tiempos coloniales?
    – Si un castellano violentaba a una india con consecuencias de embarazo, se le obligaba a casarse con ella igualito que si un peninsular hubiera violentado a una joven de Soria o de Cáceres o de cualquier otro lugar de Castilla.
    – Castilla (y luego España) no “robo” el oro y la plata de las Américas, sino que explotaba las riquezas de sus provincias americanas como explotaba las de Asturias o las de Huelva; otra cosa es que esa riqueza la gastara en su empeño por defender el Catolicismo, esa es otra historia.
    – Toda la península, menos Portugal, se convirtió en una sola nación España (dejo de ser “las Españas”) cuando el francés Felipe V subió al trono; algo que les vino muy bien a los catalanes y valencianos (y que los independentistas prefieren obviar) dado que su comercio basado totalmente en el Mediterráneo, estaba pasando momentos muy difíciles a causa de los turcos y de la piratería sarracena. Al ser parte de España, ya no tenían que pedir licencia a nadie para comerciar en América y sus intereses financieros pasaron del Mediterráneo al Atlántico.
    – Cuando llegó la Era Industrial, la primera provincia española (repito: provincia) que instaló un ferrocarril fue Cuba, porque todas las azucareras eran catalanas.
    – Cuando Cuba se independizó, con la ayuda de Estados Unidos que entró en guerra contra España apoyados en la “bandera falsa” del hundimiento de su acorazado “Maine”, quienes más perdieron fueron los catalanes porque sus azucareras pasaron a manos norteamericanas; así que, independentistas catalanes sigan disfrutando el Halloween norteamericano, porque los malos somos los otros españoles.
    Si todo esto te ha parecido un rollo sin venir a cuento, está claro que prefieres seguir siendo un o una ignorante.
    Repito que ni somos lo mejor del mundo, ni somos lo peor; pero ciertamente tenemos una historia de la que podemos sentirnos muy orgullosos (con sus blancuras y negruras, como todos los países), como igualmente de nuestros descubrimientos científicos y médicos; como de nuestras obras geniales en pintura, música, arquitectura y literatura: «”El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” fue considerado el mejor trabajo literario jamás escrito; encabezó la lista de las mejores obras literarias de la historia, que se estableció con las votaciones de cien grandes escritores de 54 nacionalidades a petición del Club Noruego del Libro en 2002; así, fue la única excepción a pesar del estricto orden alfabético que se había dispuesto»
    Eso debiera ser más que un honor como hispanoparlantes (unos 600 millones en el mundo) para ahora estar permitiendo, admitiendo y usando anglicismos para los que tengamos la perfecta palabra castellana. El hacerlo ya nada más que puede ser clasificado como propio de estúpidos subnormales.
    Pablo J.Luis Molinero

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