FINI ALACID

“El velero estaba todavía muy lejos del puerto, pero hasta donde su vista llegaba desde estribor,  Fini se preguntaba con especial curiosidad, quién era el que estaba en el pantalán esperando su llegada. Había pasado el día en altamar bañándose, tomando el  sol y, sobre todo, pensando qué hacer con el final de la novela que estaba terminando. Precisamente por eso había salido a navegar, para que aquella soledad en medio de la nada, le ayudase a decidirse por uno de los varios finales, que en su cabeza, se batían por ser el elegido. Apenas hacía 10 años que se había lanzado al mundo de la escritura y, aunque privadamente había sido fructífera, públicamente solo  había sacado dos novelas: AVENTURAS Y DESVENTURAS DE FRANCO FORTUNA  y LA ESPADA SAMURAI, dos historias de corte humorístico y desenfadado, como todo lo que escribe sea del género que sea,  novela, cuento, relato corto, sainete o simplemente transformando fotos de amigos en indecorosas con textos en la misma línea, que luego publicaba en todas las redes sociales (algunos de esos amigos ya han contactado con algún sicario)

El barco se adentraba por la ensenada y la ilicitana podía distinguir perfectamente  la figura masculina de quien la esperaba. No era para ella alguien conocido y se puso tensa, pues sabía que se estaba jugando la vida con las fotos que manipulaba. La administrativa, que sufre la inconformidad de ejercer de lo que no le gusta  pero la alimenta, manejaba el timón sin quitar el ojo de encima a aquel hombre que seguía allí de pie, mientras el velero se acercaba al pantalán. Se observaban mutuamente y ella comenzó a sentir una extraña inquietud que no comprendía pero que, para su suerte, la hizo intuir el peligro, y mientras él sacaba una pistola de su bolsillo y gritaba:

-¿Te crees muy graciosa?

Ella se tiró al agua y comenzó a bucear con tanto ímpetu  como si fuera perseguida por el mismísimo tiburón blanco”